El fantasma de la Soria vacía toma cuerpo. El músculo de esta
afirmación está en la cifra publicada ayer por el Instituto Nacional de
Estadística (INE) mediante el avance provisional de la estadística del
padrón continuo. De este documento se desprende que, por primera vez en
la historia, la provincia está por debajo de los 90.000 habitantes, un
dato que azuza el vértigo ante la despoblación, subrayando una caída,
con cierto efecto anímico, ante la pérdida de otra barrera psicológica
más.
Soria pasa a tener, a fecha
1 de enero de 2016, 89.994
habitantes, 1.012 menos que en 2015. Esta debacle en términos absolutos
también se puede observar en términos porcentuales. La pérdida en este
caso se sitúa en el 1,1% de retroceso. Solo por detrás de Ávila, Zamora,
León y Segovia. El concurso de Soria en el conjunto de la Comunidad
ayuda a que la región sea la Comunidad en la que más se nota la pérdida
de población.
Para Jesús Bachiller, profesor titular de Análisis
Geográfico de la UVa, «aunque el proceso no sea nuevo, la sensación es
de gravedad es muy alta». El deterioro demográfico en la provincia es,
en su opinión, la suma de un conjunto de factores «que están incidiendo
negativamente en la evolución de la provincia».
La verdadera
dimensión del problema se torna todavía más grave si se analiza que el
proceso de despoblación «no ha tocado todavía fondo». Ahí está el
verdadero drama», precisa Bachiller.
El descenso provincial no solo
es imputable al ámbito rural, excusa muy socorrida. De los 1.012
habitantes que ‘pierde’ la provincia en el lapso de un solo año 348
corresponden a la capital, que ha pasado de tener 39.516 habitantes a
tener que conformarse con 39.168 en el último conteo, todavía pendiente
de confirmación oficial. «Estamos ante un problema estructural de las
sociedades desarrolladas, contextualiza Bachiller, que señala al
«desplome de la natalidad» como uno de los factores determinantes que
están haciendo que se esté tambaleando el equilibrio presupuestario «que
debiera de haber entre cotizantes y perceptores, algo que solo se puede
producir si se incrementa la tasa de población activa». En este
sentido, indica, se puede dar la paradoja que haya que volver la mirada
hacia la inmigración para conseguir que repunten estadísticas claves
para los marcadores económicos.
La figura demográfica de Soria es
invertida. Tanto que está a las puertas de que 1 de cada 3 habitantes
pueda ser mayor de 60 años. En concreto son más de 26.000 los ciudadanos
que están en un rango de edad avanzado. A esto hay que añadir que solo
la capital está entre los municipios entre 20.000 y 50.000 habitantes.
No hay ninguno entre los 10.000 y los 20.000, solo 1 entre los 5.000 y
los 10.000 y 6 entre los 2.000 y los 5.000
La cara más descarnada de este nuevo revés poblacional está todavía
por llegar, a juicio del profesor Jesús Bachiller. Al menos en lo que se
refiere a los efectos más indeseables para la vida de los ciudadanos.
«La pérdida de población puede llevar a un mayor desmantelamiento de los
servicios que se prestan», afirma.
Este es un proceso iniciado,
pero que se puede recrudecer y afectar a cabeceras de comarca en el caso
de persistencia de esta tendencia. «Si se mantienen estos datos no hay
que descartar cierres, invocando razones de rentabilidad económica»,
advirtió.
Por el momento estamos ante una realidad compleja en la que
los efectos de la crisis hacen que «estemos ante una gran cantidad de
incertidumbres económicas y también ante una disfunción del mercado, no
habiendo relación entre la formación de los trabajadores y la calidad de
la oferta que hoy se ofrece en el mercado laboral».
Esta
constatación hace, por ello, que muchos jóvenes opten por buscar una
oportunidad fuera de la provincia «incluso fuera de la región y del
país», apostilla Bachiller.
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